Alcanzar mis sueños
Historias de vida

Alberto José: una vida de superación y resiliencia

Conocé esta historia de superación

Sus ojos chispeantes y una sonrisa que ilumina su rostro, lo describen: Alberto José era un niño despierto y travieso, con una curiosidad innata que lo llevaría muy lejos. Con apenas 4 años, llegó al programa de Asunción, junto con su hermano Fernando, de un año y medio: necesitaban cuidado, protección y un entorno familiar protector donde crecer. Allí, rodeados de afecto y protección, encontraron la posibilidad de empezar a imaginar un futuro…

Ya en Aldeas Infantiles SOS, la historia empezó a escribirse de otra manera. Allí los recibió la cuidadora Bernardita. “Ella es como nuestra mamá hasta ahora”, dice, con naturalidad. Un vínculo construido día tras día, en el cuidado cotidiano y compartiendo con otros niños, que con el tiempo se convirtieron también en amigos y hermanos de corazón.


Su infancia estuvo llena de juegos, amigos y travesuras. "Era inquieto y curioso, pero no daba problemas", recuerda con una sonrisa. En la escuela era tímido, pero bastaba la confianza para soltarse. Le gustaban las ciencias naturales y sociales; sin embargo matemática no era su preferida, pero salvaba cada materia con dedicación.


La transición al colegio y su camino hacia una profesión


El paso al colegio fue uno de los primeros grandes desafíos. En 2013 ingresó a un colegio céntrico de Asunción. Por primera vez debía salir solo de la Aldea, madrugar, tomar el bus. “Era todo nuevo para mí”, recuerda. Compartió esa etapa con Sergio, un amigo cercano, con quien transitó buena parte de esos años de estudio y crecimiento.
Al acercarse el final del colegio, llegó la pregunta inevitable: ¿qué estudiar? Mientras muchos ya tenían su decisión tomada, Alberto dudaba. De niño soñó con ser policía, también futbolista. Siempre le gustaron los deportes, pero había algo más que llamaba su atención, cada vez que acudía a la cita con el odontólogo…


“Siempre hacía muchas preguntas”, recuerda entre risas. Ese interés genuino, el apoyo cercano de su cuidadora Bernardita y todo el programa Aldeas Infantiles SOS - Asunción, fueron dando forma a una decisión importante. Estudiar odontología no sería sencillo: una carrera larga, exigente y costosa. Pero el acompañamiento volvió a estar presente.


Desde Aldeas Infantiles SOS se iniciaron las gestiones necesarias para que Alberto pudiera acceder a la universidad. Así comenzó su camino en la carrera de Odontología, en la Universidad Autónoma de Asunción.


Fueron cinco años de dedicación y esfuerzo.


Se trasladaba a las cuatro de la mañana para rendir exámenes, pasaba el día entero en clases y estudiaba hasta la madrugada. Su constancia, disciplina y dedicación fueron determinantes en este recorrido.


Hoy, al mirar hacia atrás, Alberto lo hace con profunda gratitud. “Siempre voy a estar agradecido con Aldeas Infantiles SOS y todas las personas que me acompañaron”.
Ya recibido de odontólogo, comenzó a dar sus primeros pasos profesionales en consultorios y especializarse en el área que más le apasiona: la rehabilitación oral.


Cada vez que puede, visita la Aldea Infantil SOS de Asunción, el lugar que fue su hogar durante tantos años y acompaña a otros niños y niñas con refuerzos escolares, especialmente en matemáticas.


Además, acompaña activamente actividades de voluntariado; a través de la universidad, dictando charlas de salud y prevención en barrios vulnerables y escuelas.


Su mensaje de resiliencia y agradecimiento


Cuando se le pregunta, qué le diría a ese niño de cuatro años, Alberto responde sin dudar: “Que no se compare con los demás. Cada uno tiene su ritmo, su tiempo y su historia. No intentar es el verdadero fracaso. Equivocarse es parte del éxito”.


Su mensaje para otros jóvenes es claro y honesto: ser constantes, disciplinados, aceptar que no todo saldrá como se espera, pero intentarlo una y otra vez.


La historia de Alberto José Fleitas es testimonio de cómo el cuidado, el acompañamiento y las oportunidades pueden transformar vidas. Cuando un niño crece en un entorno seguro, los sueños dejan de ser lejanos y empiezan a volverse posibles. Agradecemos a todas las personas y aliados que nos acompañan día a día y hacen posible que brindemos una segunda oportunidad a niñas, niños, adolescentes y jóvenes.